domingo, 13 de agosto de 2023

DBSNL // Capítulo 310: Depredadores

DBSNL // Capítulo 310: Depredadores

“No soy tu enemigo, Okure.”



Liquir se levanta lleno de barro tras el traicionero e invisible golpe de su adversario. 


El zorro muestra los dientes.


- “Grrr…” – gruñe mientras su ki naranja le imbuye y pronto adquiere tonos morados. – “Estoy empezando a hartarme de este juego…”


En otro punto de la jungla, Turles, transformado en Súper Saiyajín, busca a su misterioso contrincante reptiliano entre las copas de los árboles.


- “¿Dónde te has metido?” – se pregunta.


Pero pronto se da cuenta de que algo va mal. Su vista se ha vuelto borrosa.


- “¿Qué?” – se extraña mientras se mira la mano. – “¿Qué me está pasando?”


El saiyajín pierde su aura y desciende rápidamente hasta el suelo, cayendo con la rodilla hincada.


- “¿Qué me pasa…?” – se pregunta mientras intenta reavivar su aura, solo para perder por completo su transformación. – “Mi cabeza…” – se frota un ojo con la palma de la mano.


Pronto tiene que poner las dos manos en el suelo e hincar la segunda rodilla.


- “Mis manos… y mi cuello…” – piensa el mestizo. – “Siento un extraño hormigueo…” – ata cabos. – “Sintiendo aún las babas del enemigo.”


Una sombra se cierne sobre él. El saiyajín no tiene fuerzas ni para levantar la cabeza, pero puede oír como su adversario se relame.


- “Me pregunto a qué sabe tu raza…” – se mofa el camaleón. 


En ese instante, Ub aparece como una centella, envuelto en ki rojizo, y propina una patada en la nuca del lagarto, devolviéndolo a la frondosidad de la jungla.


- “¡¿Estás bien?!” – pregunta el terrícola.


Turles se desploma, inconsciente.


Ub se preocupa y se acerca para socorrerlo.


Dabra lo interrumpe.


- “¡No lo toques!” – advierte el demonio mientras aterriza.

- “¿Qué?” – se detiene Ub. – “¿Qué le pasa?”

- “Su cuerpo debe estar recubierto con las neurotoxinas de la saliva de ese dokuchi.” – asevera.


Ub mira al pobre Turles, desfallecido bocabajo.


- “¿A qué nos enfrentamos?” – pregunta el terrícola.

- “Esa criatura puede tornarse invisible.” – dice Dabra. – “Y su boca emana una saliva neurotóxica para inmovilizar a sus presas, lo que añadido a su fuerte y larga lengua, lo convierte en un terrible depredador.”

- “Suena terrible…” – pregunta Ub.

- “Te has precipitado para salvar al saiyajín.” – dice Dabra. – “Puede que hayas malgastado nuestra mejor oportunidad de acabar con él.”


Ub traga saliva, asustado. Mientras tanto, Dabra empuja el cuerpo de Turles con el pie para ponerlo de lado.


- “¿Y cómo sabes tanto sobre ese tipo?” – pregunta el terrícola.

- “Ya no soy el Rey de los Demonios.” – esboza una media sonrisa. – “He tenido que ganarme la vida, y la lengua de dokuchi se paga muy bien.”

- “Así que has cazado a otro antes…” – sonríe Ub, más tranquilo.

- “Así es.” – responde el demonio. – “Aunque tuve que aliarme temporalmente con un grupo de cazadores furtivos experimentados…”

- “¿En serio?” – se preocupa el terrícola.


Dabra sonríe.


- “Te aconsejo que tengas mucho cuidado, muchacho.” – advierte Dabra. – “Éste sobrevivirá. Es un saiyajín.” – dice zarandeando ligeramente a Turles con el pie. – “Pero esa dosis en un simple humano…”


Ub asiente.


- “Lo tendré en cuenta.” – dice el terrícola.


La hojarasca se mueve a su alrededor, alertando a los dos guerreros.


Lejos de allí, Okure se detiene sobre la copa de un árbol, dejando que Reitan la alcance al fin. 


Nuestro amigo se queda en el suelo, observando a su vieja amiga sobre una rama, por encima de él.



Dibujado por Ipocrito



- “¡OKURE!” – exclama el herajín. – “¡¿Qué pretendes?!”


Ella sonríe, pero en sus ojos se refleja el dolor del pasado.


- “Dime, Gas…” – dice ella con retintín. – “¿Has venido a matarme como a Elec?”

- “No soy tu enemigo, Okure.” – insiste Reitan. – “Déjame ayudarte.”

- “Reitan, el vengador.” – continúa la herajín. – “No suena muy de fiar…” – se mofa.

- “Las cosas no son tan sencillas como creíamos, Okure.” – insiste Reitan. – “Fuerzas mucho más grandes que nosotros nos han movido como a marionetas continuamente. Ahora podemos elegir.”

- “Me pregunto cuál será mi nombre cuando se sepa que he matado al famoso Reitan.” – dice Okure. – “Como tu causa fue considerada noble entre los cobardes, se te dio un apodo reivindicativo…” – dice mientras camina sobre la rama haciendo equilibrios hasta llegar al extremo. – “El mío no lo será.” – sonríe irónicamente. – “La destructora. Ese me gusta.”

- “Okure…” – murmura Reitan, preocupado.


La masa muscular de la herajín empieza a aumentar de forma desproporcionada, sus ojos se ponen en blanco y su cabello empieza a desenredarse.


La rama sobre la que se posaba se rompe, haciendo que se precipite mientras su cabello y su piel cambian de color y su cuerpo se envuelve en un aura verdosa.


Al aterrizar, sus pies se clavan en el suelo, que se resquebraja formando un pequeño cráter.


Reitan se queda perplejo ante el cambio que ha sufrido su compañera.


- “O… Okure…” – titubea el herajín. – “¿Qué te han hecho?”



Dibujado por Ipocrito



En otro campo de batalla, lejos de las miradas de los espectadores, Mirai Trunks pelea con Onisen mientras los demás luchan contra una horda de dorobochi.


Las creaciones de Raichi usan las habilidades robadas para hacer retroceder a nuestros amigos.


- “No podemos seguir así…” – piensa Piccolo, mirando como los demás están sufriendo para mantener a sus adversarios a raya.


Granola dispara a discreción. Un enemigo cae con cada disparo. Hermila usa sus esferas voladoras para hacer rebotar sus disparos de un lado a otro, atravesando dorobochi a su paso.


Los dos comparten una mirada cómplice.


Granola dispara de nuevo, pero esta vez su disparo alcanza en el hombro del enemigo, arrancándole el brazo.


Hermila se da cuenta.


- “Granola…” – se preocupa.


El cereliano sigue disparando.


Hermila se acerca a su compañero y le agarra del hombro.


- “Granola…” – insiste el viejo.


El cereliano se detiene. Los dos se miran.


- “¡¡HERMILA!!” – exclama la voz de Granola desde la distancia.


Hermila mira hacia un lado y ve a su compañero corriendo hacia él mientras levanta su mano para intentar defenderlo.


En este instante, Hermila recibe un disparo en el abdomen que lo atraviesa.


El Granola con el que estaba hablando revela su verdadera forma; un dorobochi.


Hermila cae de rodillas al suelo. El dorobochi recibe un disparo del cereliano en la cabeza.


Granola sujeta a Hermila antes de que caiga de espaldas al suelo.


- “Hermila…” – se preocupa el cereliano.


Pero en ese instante, el viejo esboza una perturbadora sonrisa.


Granola recibe un disparo en el pecho. Hermila resulta ser otro dorobochi y toda la escena era una farsa para atraer al cereliano.


Granola está en shock y cae sentado en el suelo. El dorobochi se regenera mientras se levanta.


- “Je, je, je…” – ríe la criatura de Raichi.


En ese instante, Yuzun salta sobre el dorobochi y le arranca la cabeza con sus fauces.


- “¡GRANOLA!” – lo socorre Botamo.


En pocos segundos, su banda se reagrupa alrededor del cereliano para protegerlo.


Piccolo no tarda en unirse a ellos.


- “¿Cómo está?” – pregunta el namekiano mientras aterriza.

- “Malherido.” – responde Hermila.


El viejo mira a su alrededor, como sus compañeros repelen a los dorobochi.


- “No nos queda mucho tiempo, namekiano.” – dice Hermila.


Mirai Trunks y Onisen chocan con un violento puñetazo que hacer retumbar el suelo. Luego intentan golpearse con la otra mano, pero también chocan sus puños. Finalmente, chocan con sus cabezas. Una gota de sangre recorre la frente de Trunks. Onisen sonríe.


Hermila y Piccolo ven el duelo desde la distancia.


- “Tampoco a vosotros.” – añade Hermila. 


Mirai Trunks y Onisen se separan.


- “¡¡MASENKO!!” – dispara el hijo de Vegeta.


Onisen lo detiene con su mano agigantada.


Trunks apunta a su adversario con sus dedos índice y corazón y la mano de Onisen estalla en mil pedazos.


- “Je…” – sonríe el mestizo.


Onisen observa su miembro cercenado.


- “Tus habilidades superan nuestras expectativas.” – dice la creación de Raichi.

- “Enfrentarme a guerreros artificiales es mi especialidad.” – responde Trunks.


Onisen sonríe mientras regenera su mano.


- “No sería descabellado pensar que puedes derrotarme.” – dice Onisen. – “Pero no sé si tus amigos pueden esperar tanto tiempo…”


Trunks mira hacia un lado y ve a Granola malherido.


- “Tsk…” – se preocupa el mestizo.


Piccolo se agacha y agarra a Granola en brazos.


- “Dejadme ayudar.” – dice el namekiano.


Trunks mira de nuevo a Onisen, mientras los dorobochi se acumulan alrededor de la banda de Granola.


- “¿Vas a dejarlos morir?” – pregunta la criatura de Raichi. – “No puedes derrotarme a mí y a todos los demás.”


Hermila observa a Granola en brazos de Piccolo.


- “Cuida de él.” – dice Hermila.


Bra, Pan, Marron, Ikose y Baicha pronto vuelan hasta donde están los demás.


- “¡¿Qué ha pasado?!” – se preocupa Pan.


Onisen da un paso al frente.


Trunks clava su mirada airada en el enemigo y le apunta con la mano, desatando un torrente de ki sobre él. 


Una gran explosión y una terrible polvareda se apoderan de la zona.


Piccolo carga a Granola en su hombro.


Trunks aparece, apresurado.


- “¡Piccolo!” – exclama el mestizo. – “¡Tenemos que irnos!”


Hermila mira a los terrícolas y esboza una tierna media sonrisa.


- “Os deseamos mucha suerte.” – dice Hermila.

- “¿Qué estáis diciendo?” – se extraña Bra.

- “¡No podemos dejarlos aquí!” – añade Pan.

- “Gracias por salvar a Granola.” – sentencia el viejo.


Piccolo asiente.


- “Tenemos que irnos.” – dice el namekiano con pesar.

- “Piccolo…” – suspira Pan al ver la pena en el semblante de su tío.


Con recelo y pesar, uno a uno los terrícolas siguen a Piccolo y Trunks.


La polvareda se disipa lentamente. Los dorobochi cargan contra la banda de Granola.


Botamo, Yuzun, Soshiru, Shansua y Hermila se ponen en guardia.


- “Buena suerte, Granola.” – murmura Hermila. – “Ha sido un honor.”

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