domingo, 27 de agosto de 2023

DBSNL // Capítulo 312: Furia de titanes

DBSNL // Capítulo 312: Furia de titanes

“Soy el Dios de vuestro mundo.”



Los aún espectadores observan en las pantallas lo que sucede en la jungla.


- “Tsk…” – protesta Freezer. – “Esa forma…” – recuerda su enfrentamiento con el terrible saiyajín.

- “Ese poder bruto…” – murmura Cooler, recordando el extracto del Fruto Sagrado que él mismo tomó. 


Vegeta y Gohan observan el monitor.


- “Esa transformación va más allá de cualquier límite…” – murmura el mestizo, capaz de llevar al máximo el poder ancestral de los saiyajín.

- “Es una aberración.” – responde Vegeta, tajante.


Shido sonríe.


- “Así es.” – responde el demonio. – “La esencia del Fruto Sagrado lleva las capacidades genéticas de un individuo más allá de sus límites, haciéndolo mutar.”

- “¿Cómo puedes hacer algo así?” – replica Gohan.

- “¿Y qué son los límites?” – se pregunta Shido. – “¿No es a romperlos en lo que basan su vida los grandes guerreros?”

- “Los guerreros nos ponemos a prueba a nosotros mismos.” – responde Vegeta. – “No somos tan cobardes como para adjudicarnos lo que consiguen otros.”


Shido cierra los ojos e intenta controlar su risa.


- “Ja, ja ja…” – ríe por lo bajo. – “¿El orgullo saiyajín?” – pregunta con retintín. – “Todo lo que ha conseguido tu raza de cobayas ha sido gracias a mí.” – mira a Vegeta con desprecio. – “Soy el Dios de vuestro mundo.”

- “Ten cuidado, entonces.” – sonríe Vegeta con picardía. – “No serías el primero que muere a mis manos.”

- “Tsk…” – protesta Shido, que fija su atención de nuevo en las pantallas.


Turles, que poco a poco abre los ojos después de recibir el Taiyoken de Ub, busca su oponente.


Ub se esconde tras un árbol mientras se agarra el costado, dolorido, y respira con dificultad.


- “Maldita sea…” – refunfuña.


Turles se frustra y toma aire, como si estuviera preparándose para gritar… pero lo que emana de su boca es un cañón de ki verde que arrasa todo a su paso. 


Ub, asombrado por la cantidad de energía que emana, se prepara para moverse, pero el saiyajín gira sobre sí mismo para así causar daños en la mayor área posible, acercando su ataque al terrícola, que usa el Shunkanido para evadirlo.


Ub aparece volando a una docena de metros de altura sobre Turles, que está envuelto en una nube de polvo y sigue buscando a su alrededor al muchacho.


- “Es un monstruo…” – murmura el terrícola, asustado ante el poder devastador de su contrincante.


Mientras tanto, Reitan ha llegado hasta Okure.


- “Grrr…” – gruñe la terrible herajín al verlo.


Reitan reaviva su aura de Súper Herajín.


- “¿Qué me dices, Okure?” – sonríe Reitan como reminiscencia de una complicidad que ya no tienen. – “¿Segundo asalto?”


Okure se abalanza sobre él a una velocidad de vértigo, pero el herajín responde de la misma forma y se agacha en el último instante para pasar entre las piernas de la enorme mujer.


Reitan proyecta hilos de ki con sus dedos que se enrollan en las piernas de Okure y luego tira de ellos para derribarla.


Okure se levanta enseguida, dándose la vuelta y preparada para lanzar una onda de ki a su contrincante, pero Reitan sigue proyectando hilos de ki que se enrollan en la mujer, impidiéndole atacar.


- “Grrr…” – gruñe ella, furiosa, intentando liberarse. – “¡¡GRRAAAAAAAAH!!” – emana una onda expansiva de energía que rompe la trampa de Reitan.

- “Tsk…” – protesta el herajín.


Okure apunta a su enemigo con una mano y dispara una ráfaga de ki, pero Reitan desenfunda su arma y con varios movimientos rápidos y certeros desvía las esferas de energía, que estallan en la distancia.


Mientras tanto, Turles ya ha visto a Ub y lo persigue de nuevo.


El terrícola usa el Kaioken para evadir al enloquecido saiyajín a través de los árboles. 


Realizando las elípticas trayectorias de la técnica del Kaio del Norte, Ub intenta contraatacar.


- “¡¡YAAAAH!!” – grita mientras propina una doble patada a Turles por la espalda.


Pero el saiyajín ni se inmuta.


Ub retrocede y respira con dificultad, agotado.


- “No es suficiente…” – gruñe el terrícola. – “¡Voy a tener que ir al límite!” – exclama. – “¡¡YAAAAAAAH!!”


El aura roja del Kaioken se aviva y arde con violencia.


- “¡¡YAAAAAH!!” – grita cargando contra Turles.


El monstruoso saiyajín intenta interceptar a Ub, pero el terrícola esquiva el golpe volando hacia un lado y sorprende de nuevo a Turles por el otro costado, golpeándole las costillas con un fuerte puñetazo.


- “Tsk…” – protesta el saiyajín.


Turles intenta agarrar a Ub, pero éste retrocede.


Turles dispara una ráfaga da ki que persigue al terrícola, que intenta huir hacia el cielo.


Tres esferas de energía persiguen a Ub y pronto le ganan terreno. 


Ub se ve obligado a actuar.


- “¡MASENKO…!” – se prepara el terrícola, apuntando a los ataques de Turles, que casi le han alcanzado. – “¡HAAAA!” – dispara.


Tres explosiones sacuden el cielo y las ondas expansivas empujan a Ub, que cae entre las copas de los árboles, con el cuerpo humeante, y se estampa contra el suelo.


En otro punto del bosque, Dabra se hace el despistado, mirando las explosiones en el cielo.


El dokuchi aprovecha la ocasión y proyecta su viscosa lengua, atacando al demonio por la espalda.


De un solo gesto, el demonio invoca su espada y corta la lengua del enemigo, que sangra y tiñe de azul la zona.


- “¡¡GYAAAAH!!” – grita entre los árboles el camaleón.

- “Je…” – ríe el demonio.


El camaleón huye de nuevo hacia el interior del bosque, dejando atrás varios metros de lengua en movimiento en el suelo, que lentamente se contraen y se detienen, viendo reducido su tamaño.


Turles camina por el bosque, buscando de nuevo a su víctima.


De repente, Liquir salta sobre él, golpeándolo en la espalda y estampando al saiyajín en el suelo.


El kurama retrocede y se coloca a una distancia prudente.


- “Siento un poder oscuro en ti, saiyajín.” – dice Liquir, ondeando dos colas.


Turles se levanta, furioso, con la cara llena de barro, y se da la vuelta para clavar su mirada furiosa en el zorro.


- “Grrrr…” – gruñe el saiyajín.


Liquir frunce el ceño.


- “Entendido.” – sentencia el kurama.


El ki naranja del zorro emana destellos morados.


Mientras tanto, Okure ha agarrado el gigantesco tronco de un árbol y atiza a Reitan, que se protege cortando el tronco con su espada.


Pero Okure da una vuelta sobre sí misma y le lanza el tronco, ahora afilado.


Reitan salta por encima de él, aterrizando sobre el tronco y corriendo sobre él hacia Okure… pero la herajín ya le apunta con ambas manos.


- “¡¡GRAAAAAAAH!!” – dispara un terrible torrente de ki verde.


Reitan se protege con su espada, pero sale disparado hacia el interior de la jungla, incapaz de detener el ataque, que lo desintegra todo a su paso.


Okure ya lo persigue de nuevo, sin darle descanso.


Reitan, con su cuerpo humeante, se pone en pie.


Los árboles que quedaban en pie, quemados y sin hojas, caen al paso de su enemiga, que va tras él.


Al encontrarlo, Okure se detiene y clava su mirada furiosa en Reitan, que ha perdido la parte superior de su vestimenta.


El herajín reaviva su aura.


- “Puede que me odies, Okure.” – dice Reitan. – “Si es así, no te culpo.”


Okure gruñe mientras empieza a avanzar hacia su viejo amigo con paso firme.


- “He venido a salvarte.” – insiste Reitan, con mirada melancólica. – “¡Libera tu odio! ¡Puedo resistirlo!”


Okure empieza a correr hacia Reitan.


- “¡VAMOS!” – exclama el herajín.


La mujer carga contra Reitan y le propina un fuerte puñetazo que el herajín intercepta con la parte plana de su espada.


- “¡Vamos, Okure!” – insiste Reitan. – “¡Sé que estás sufriendo!”


Okure se revuelve y propina una patada en abdomen del herajín, que retrocede varios metros deslizándose sobre el suelo, pero manteniéndose en pie, teniendo que clavar su cimitarra en el suelo para detener su retroceso.


- “Eso es…” – sufre el herajín. 


Okure ataca de nuevo y, en un instante, se encuentra de nuevo frente a él, con el puño en alto.


Esta vez, la mujer propina un puñetazo en la cara de Reitan que lo lanza a través de la jungla, dejando atrás su espada.


Reitan atraviesa varios árboles hasta que se detiene chocando contra una gran piedra, rebotando y cayendo al suelo.


El herajín se levanta de nuevo, con la boca ensangrentada.


- “Si has llegado hasta aquí por mí…” – murmura en voz baja. – “Acabemos con esto… y vuelve a casa…”


Okure carga contra él con toda su ira, invocando una esfera de ki en su mano.


La herajín alcanza a Reitan, que parece aceptar su destino, inmóvil.


Okure extiende el brazo hacia él. La esfera de ki brilla intensamente y dobla su tamaño en un instante. 


Reitan cierra los ojos.


De repente, una pequeña esfera de ki verde impacta contra la de Okure y la desvía hacia un lado, elevándola primero sobre la jungla para que caiga más tarde a varios kilómetros de allí, estallando y creando una fuerte corriente de aire que sacude el lugar. 


Tanto Okure como Reitan se sorprenden, primero mirando hacia la explosión y luego mirando el origen del ataque.


Pero al mirar, Okure recibe un rodillazo en la cara que la lanza a través de la jungla.


Broly aterriza delante de Reitan.

miércoles, 23 de agosto de 2023

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte I: Contacto

Red World / Parte I: Contacto

“¿He llamado en mal momento?”



Año 759. En la Capital del Norte, la vida transcurre pacíficamente. La gente disfruta en la plaza de un centro comercial al aire libre. Un padre observa a su hija montada en el tiovivo. Una pareja comparte un helado, sentados en un banco. Una madre pasea con su hijo agarrado de la mano mientras habla por teléfono y mira un escaparate de electrodomésticos “Corporación Cápsula.” El pequeño lleva un globo rojo en la mano.


En un instante, el niño se distrae al ver un cachorro de labrador en otro escaparate y suelta la mano de su madre para correr a verlo. 


El pequeño se pega a cristal de la tienda y deja de prestar atención al globo, que se escurre entre sus dedos. 


El niño intenta agarrarlo saltando, sin éxito, y el globo se eleva hacia el cielo ante la triste mirada del pequeño.


En la Atalaya de Kamisama, una escuálida figura encapuchada, a contraluz, sentada al lado de una ventana, se estremece.


- “¿Se encuentra bien, señor?” – pregunta Mr. Popo.


La madre termina la llamada y presta de nuevo tención al pequeño.


- “Ya te he dicho mil veces que no te alejes de mi en el centro comercial…” – protesta ella.


Pero se sorprende al ver al niño con la mirada fija en el cielo.


- “¿Eh?” – murmura ella, alzando la mirada.


En el cielo, una nave discoidal de unos 100 metros de diámetro sobrevuela la zona.


En unas horas, la ciudad está en llamas. Soldados cíclopes metálicos de gran envergadura deambulan por las calles, disparando a todo aquel que se interpone en su camino con sus ametralladoras de energía incorporadas en sus antebrazos.


El Ejército Real intenta retomar la ciudad, tanto por tierra como por aire, pero la tecnología alienígena es superior. Los robots parecen inmunes a la munición regular. Solo tanques, misiles y lanzacohetes logran causar daños a los invasores, pero por cada uno que derrotan, decenas de soldados perecen. Los robots cuentan con armamento de algo calibre y cañones de energía.


En el Palacio Real de la Capital Central, el Rey del Mundo es informado de la situación.


- “Su Majestad…” – dice uno de sus Generales. – “Todos nuestros esfuerzos están fracasando. No podemos detener al enemigo.”


El Rey agacha la cabeza y la apoya en sus manos.


- “Nunca imaginé que la raza humana tendría que enfrentarse a demonios venidos de las estrellas…” – murmura el cánido.

- “No nos detendremos hasta el final.” – continúa el General. – “Pero llegados a este punto, es cuestión de horas que…”


De repente, un teléfono rojo sobre la mesa de su despacho empieza a repicar.


El General y el Rey se miran confusos. Su Majestad descuelga.


- “¿Quién es?” – pregunta el Rey, inquisitivo. – “¿Quién tiene este número?”

- “Hola, Su Majestad.” – dice una voz. – “¿He llamado en mal momento?” – añade con retintín.


El Rey se queda petrificado.


La guerra continúa en la ciudad. Los humanos luchan con valentía, pero caen como moscas.


En el centro de mando de la nave alienígena, los radares y controles del aparato son llevados por robots mucho más simples y menudos que los que han sido desplegados en el campo de batalla.


El líder invasor, de aspecto selaquimorfo y tez azulada, luciendo un parche robótico en el ojo, observa cruzado de brazos la representación del campo de batalla en una gran pantalla. Viste botines morados, pantalón negro y una especie de mono de lucha naranja encima. 


- “Qué interesante…” – murmura el líder. – “Usan la tecnología para suplir su patética fuerza… Pero de una forma muy primitiva.” – sonríe con burla.


A su lado, un soldado mixxileo de aspecto reptiliano le acompaña, de piel verde oliva y una lenga larga azul, vestido solamente con el mono naranja.


Un pitido de un radar llama la atención del mixxileo.


- “¿Eh?” – mira de reojo.


No parece que los robots den importancia a la alerta.


- “¿Qué ha sido eso?” – pregunta el mixxileo.

- “Solo un fantasma.” – responde el robot, que sigue atento a su trabajo.

- “¿Un qué?” – no lo entiende el mixxileo.

- “Una falsa fuente de energía detectada por el radar.” – le explica el selaquimorfo.

- “Muy bien explicado, señor Kaizo.” – lo adula el robot.

- “¿Seguro que era un error?” – se interesa el mixxileo.


El robot del radar teclea.


- “La lectura rondaba los 150.” – dice el robot. – “La fuerza de combate media del planeta es de unas 5 unidades. Tiene que ser un fallo en la lectura.”


El lagarto sonríe de forma pícara.


- “Dame la localización.” – dice el mixxileo.

- “Enseguida, señor Guanai.” – teclea de nuevo el robot.

- “Es solo un fantasma.” – insiste Kaizo.

- “Tus métodos de conquista son demasiado sofisticados para mí.” – protesta Guanai. – “Me aburro.” 


En la ciudad, los soldados robot siguen avasallando al Ejército Real. 


Un soldado se esconde en las ruinas de un edificio, agachado tras una viga de hormigón, cuando una sombra se cierne sobre él.


El soldado se arma de valor y se levanta, dándose la vuelta y disparando a discreción con su fusil al titán de metal hasta que se queda sin munición.


Las balas han rebotado en el armazón de su enemigo, que se yergue frente a él como una torre.  


El soldado mira aterrado al cíclope metálico mientras éste le apunta con el cañón ametralladora de su antebrazo.


El soldado cierra los ojos con fuerza, temiéndose lo peor.


Pero en ese instante, un misil impacta contra la espalda del robot, haciéndolo estallar en mil pedazos.


El soldado se queda estupefacto ante lo ocurrido, aún incrédulo por seguir vivo.


La polvareda se disipa lentamente para revelar que un nuevo ejército está entrando en la ciudad.


- “Es… es…” – titubea el soldado, confuso.


Un logotipo rojo en forma de lazo con dos iniciales letras blancas superpuestas identifica a cada una de sus unidades: “RR”.


- “¡LA RED RIBBON!” – exclama el soldado.


Varios cazas de última generación sobrevuelan el espacio aéreo y bombardean las calles, destruyendo una docena robots enemigos.


Los tanques y las armaduras de guerra “Battle Jackets” avanzan por la avenida principal, liderados por un gigantesco soldado de pelo rojo encrespado y desaliñado luciendo gafas de sol.


El Rey del Mundo espera en la azotea del palacio, con pesar en su rostro, mientras un helicóptero sin hélices aterriza.


- “Que Dios me perdone…” – murmura el Rey.


La puerta del vehículo se abre. Una escalerilla se extiende automáticamente. 


Un pequeño hombre pelirrojo trajeado con un parche en el ojo desciende, con un puro en sus labios.


- “Su Majestad…” – saluda con retintín.

- “Comandante Red…” – asiente el Rey.


Poco a poco, la ciudad está siendo retomada gracias a la llegada del Ejército de la Red Ribbon, cuyos avances tecnológicos superan con creces a los del anticuado Ejército Real.


Los Battle Jacket pueden enfrentarse cara a cara a los robots invasores, pues otorgan a sus pilotos de una fuerza sobrehumana, además de la capacidad de volar gracias a un propulsor en su espalda y una gran variedad de armamento de alto poder destructivo.


El Comandante Red ya está de pie sobre la silla del despacho del Rey.


Su Majestad mira con recelo al Comandante ocupando su mesa. 


Red sonríe satisfecho mientras acaricia los reposabrazos del asiento.


- “Me gusta…” – dice con orgullo. – “Aunque voy a tener que redecorar un poco…” – añade mientras hace un pequeño gesto con la cabeza a uno de sus hombres.


El soldado enseguida empieza a descolgar los cuadros de los antepasados del Rey del Mundo.


En la nave extraterrestre, los ánimos han cambiado. Los robots reciben informes desfavorables sobre su invasión.


- “¡Estamos perdiendo muchos efectivos!” – alerta uno.

- “¡¿De dónde han salido sus refuerzos?!” – se pregunta otro.


Kaizo resopla.


- “Y ese idiota de Guanai ha salido…” – murmura el selaquimorfo. – “Abrid la escotilla. Yo me encargo.”

- “Sí, señor.” – confirma un robot.


La Red Ribbon sigue recuperando terreno. Un Battle Jacket pisa el cuerpo dañado de un robot y luego usa la ametralladora de antebrazo para masacrarlo.


Pero de repente, el Battle Jacket es levantado del suelo por una extraña fuerza. El soldado en su interior intenta tirar de todas las palancas que tiene a su alcance, pero no tiene control sobre su máquina.


La armadura robótica empieza a colapsar lentamente como si estuviera soportando una alta presión, ante el horror de su piloto, para finalmente quedar reducida a un amasijo de metal del que se derrama aceite y sangre.


Kaizo reclama la bola de hierros que controla gracias a un brazalete-computadora en su antebrazo derecho.


Otro Battle Jacket corre hacia Kaizo y ya le apunta con su cañón, pero el extraterrestre lanza el amasijo de hierros contra él y ambos explotan.


Un tercer Battle Jacket, desde la azotea de un edificio, apunta a Kaizo con el misil de su espalda.


- “A todas las unidades de infantería.” – anuncia el piloto. – “Despejen la zona. Voy a disparar.”


El misil sale propulsado desde su espalda y se dirige directamente contra el extraterrestre, que parece no haberse percatado de la presencia de su enemigo.


Pero de repente, el misil se detiene en el aire. Un campo electromagnético protege a Kaizo.


El extraterrestre remite el misil, que estalla contra la azotea, provocando una terrible explosión en el cielo de la ciudad, cuya onda expansiva sacude las calles.


Mientras tanto, en el despacho del Rey, el Comandante Red y Su Majestad son informados de lo sucedido.


- “¿Qué va a hacer ahora, Comandante Red?” – pregunta el Rey, con sus sentimientos en conflicto.


Red da una calada a su puro, muy tranquilo, y acerca la silla a la mesa para poder poner los pies sobre ella.


- “No se preocupe, Su Majestad.” – dice el Comandante. – “Todo está bajo control.”


El mixxileo vuela hacia el noreste, sobre el mar, hacia las coordenadas indicadas cuando, de repente, puede ver algo en el horizonte que destaca sobre el cielo azul.


- “¿Eh?” – centra su atención.


Guanai se detiene y se protege del sol para intentar verlo mejor.


- “¿Qué es eso?” – se pregunta.


Poco a poco, un pequeño punto negro revela una silueta humanoide.


La velocidad con la que avanza el objeto sorprende a Guanai, que de repente debe apartarse para no chocar contra el objeto volador.


Guanai lo deja pasara de largo y lo observa seguir su camino.


- “¡¿Qué demonios era eso?!” – se pregunta.


Una voz le responde.


- “Supongo que tú eres uno de los extraterrestres.” – dice alguien a su espalda.


Guanai se sobresalta y al darse la vuelta observa frente a él a una persona levitando en el aire, vestido con un gi rosado de estilo chino con el kanji “SATSU” en el pecho y las palabras “KILL YOU” en la espalda.